domingo, 5 de septiembre de 2010

Asociación 3 14

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Una de las quiebras más turbadoras con la que se ha iniciado el siglo XXI es el desafecto, cuando no aborrecimiento, con que los jóvenes reciben el contacto con las expresiones culturales más ricas y plenas que ha sabido dar el espíritu humano a lo largo de su historia (en el pensamiento, las artes, la literatura...). No nos proponemos aquí analizar las causas de esta decapitación simbólica, ni tampoco recapitular las nefastas consecuencias que acarrea, en lo personal y en lo colectivo. Nuestra intención es únicamente proponer la urgencia de responder (o sea, resistir) ante una inercia que nos aproxima a las peores contra-utopías que imaginaron Huxley, Orwell o Brandbury. Como expresa Pascal Bruckner: “(...) cuando la televisión ocupe el lugar de la sala de audiencias, de la clase, del diván, el día que la lectura de un espot publicitario equivalga en los centros de enseñanza a la de Balzac o Madame Bovary, cuando Schubert ya sólo sea aquel ruido de fondo que acompaña el pastel de champiñones Vigagel y Verdi la banda sonora de las compresas higiénicas Vania, entonces, ese día el esclavo habrá vencido y la civilización occidental habrá pasado a mejor vida”. Es inseguro el momento en que eso ocurra, pero lo es mucho menos que estamos cada vez más cerca.

Es precisamente este estado de cosas lo que anima a llevar adelante la asociación trescatorce, desde la convicción de que es posible rescatar en los jóvenes y en la sociedad en general el entusiasmo por la alta cultura si se dan ciertas condiciones para la siembra.

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